Eutopía

La gracia del pensamiento utópico se puede localizar, como ya debéis saber, en la u. La u de u-topos: sin lugar. Las utopías nacen en la mente de algún ilustrado/iluminado que las suele ofrecer al comité central o al ministerio de las colonias para su inmediata aplicación. Entonces un ejército de médicos, ingenieros, comisarios y soldados intenta que esa idea sin lugar (u) encuentre cualquier solar donde aplicarse (topos). Esta técnica, claramente ligada a la modernidad, considera que cualquier terreno es bueno para aplicar una utopía. Tanto de si el terreno el llano o escarpado, si es secano o regadío.

Por eso mucho seguidores de las izquierdas vigésimas (del siglo XX) se encuentran tan poco a gusto con el catalanismo. El catalanismo es esencialmente antiutópico. Y lo es porque no parte de una idea pura, buena y eterna que se pueda aplicar en cualquier sociedad y clima del mundo, sino que aparece en un pequeño lugar concreto con la aspiración de conformar una comunidad que pueda vivir de acuerdo a unas leyes e ideas razonablemente justas para la especificidad espacio temporal que supone el Principado de Cataluña.

El catalanismo político en su versíon actual, la republicana independentista, aspiran a algo mucho más proprio de la cultura política de nuestro siglo que de las utopías del pasado: queremos pasar de la utopía a la eutopía. Eutopía significaría un buen lugar, de (eu) bueno. Se trata pues de que del lugar concreto, físico, cultural y moral de Cataluña hagamos un buen sitio. El proyecto republicano, por lo tanto, no tiene sentido si solo aspira a poner una banderita más en la ONU o una bola más en el sorteo de la Eurocopa.

Ya que nos ponemos a hacer una Cataluña libre no nos costará mucho más hacerla más justa y, si se puede, más sabia.

— Antonio Baños, La rebelión catalana.

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